25 de septiembre de 2010

Madrid – Someday in September 2010

"Aunque siempre escriba en primera persona, o casi siempre, realmente no es que todo lo que escriba sea real, hay ficción y no poca...aunque bueno, estoy dispuesto a cualquier cosa en los comments.."  Guybrush

Ya veis. El café me estimula. Vuelven las neuronas desveladas a la carga, bueno eso y que mañana sigo de “vacaciones” en el Andén-Castellón. 
Me gusta el Metro, el de Madrid particularmente. Y si bien he pasado momentos dulces en él, recordables y míticos en compañía, lo prefiero solo, como mi café. Allí sentado siendo el más anónimo de las personas de la tierra, estación a estación. Aceptando la condición de viajero y comunero del cierto momento vital que es el compartir el día a día o el viaje más fugaz, qué más da, observo a la gente. Disfruto imaginando como serán sus vidas una vez desaparezcan para siempre tras esas puertas automáticas. Frente a mí como si la viese ahora mismo: la adolescente insegura que sale un viernes por la tarde, más arreglada de lo normal y con el gesto forzadamente endurecido para parecer más mayor de lo que realmente es. Adornan piercings su delicada y al mismo tiempo accidentada cara por la edad, por supuesto está como ensimismada en su ipod, sin dejar de prestar atención a la escena de su alrededor. Me rehúye la mirada tras quedarme pensando en todo esto mientras la miro como si no estuviera yo allí. Un poco avergonzado desvío la vista hacía la persona que está sentada al lado. Mayor y medio dormido, un hombre de mediana edad, ecuatoriano (¿), dormita con una bolsa de supermercado en las manos. Por la hora que debe ser regresa a casa de trabajar, a las afueras, al sur probablemente, siempre al sur. Una rutina, un rito, pelear por superar la corriente un día más. Justo enfrente de mí un chico joven lee un libro. Parece normal. Se parece a mi pienso. Hace un tiempo claro. Lleva una mochila de deporte de la Comunidad de Madrid y no tendrá más de 20 primaveras. Algo trastoca su lectura, es el móvil, lo manipula observa la pantalla con curiosidad y sonría. Esa sonrisa, era su chica, apuesto 10.000 a Casandra.
Pero bueno, los aeropuertos no tienen desperdicio tampoco. Cuando ya me voy dando cuenta poco a poco de que estos van a formar parte de mi vida en cierto sentido, o en bastante más que cierto. En las colas de los vuelos lowcost las colas no tienen sentido. Al menos no cuando los asientos no están numerados. Eso debemos pensar la veintena que subimos siempre los últimos cuando la gente lleva más de media hora de pie aguantando estoicamente a que la azafata de turno le rompa su billete impreso en casa a última hora. Me siento a esperar sin hacer la cola como digo, y justo detrás de mí. Un chaval un poco mayor que el del metro, abre un cuaderno como el que algunos tenemos y escribe. No puedo evitar sonreír. Ni tampoco puedo dejar de preguntarme que estará escribiendo con tantas ganas, ¿fijando alguna despedida entre letras?, aun queda esperanza.
Por cierto, que bonita es Salamanca. Eche de menos no empezar un curso más este Septiembre tras embriagarme con ese ambiente académico y de Calisto y Melibea que atrapa a toda la ciudad, a todo adoquín o fachada de arenisca en sangre de toro. Era un escenario idóneo para un reencuentro, con mis ambereños, ya me contarás como son David ya… Las casualidades, las almas que se buscan en la noche movidas por las ganas de vivir, de conocer, personas que se redescubren mostrando ante ti que han seguido un camino que bien podrías firmar tu mañana…o ayer. Las casualidades y los caminantes gemelos, creo…existen.
Y que mejor manera de decir adiós con un beso, un adiós y hasta pronto a esa persona especial ¿verdad?.  Todo lo demás poco ya importa. Aun con la quasicerteza de saber que no la podrás volver a tener más en tus brazos, sobra con la sencillez. Los hastasiempres felices también tienen sitio por aquí.
Os dejo anunciaron mi puerta de embarque, hasta pronto.

2 comentarios:

David or Deivid dijo...

¡Aún queda esperanza!

Hasta pronto... hasta siempre... Guárdate un poco de esperanza, al fin y al cavo que es el mundo si no una tierra de casualidades y sorpresas...

Vuelvo ahora de pasar un interesante fin de semana en Dublín, una ciudad de esas en las que se respira magia por las calles. Intentaba explicárselo a mi, ya, amigo Louis: "En España decimos que huele a algo especial". La verdad no sé si lo conseguí. Vuelvo de la capital con buenas fotografías en mi retina, con cada vez menos costosas conversaciones en inglés y con un cedé de segunda mano de Jonny Cash "Ring of fire: The legend of Jonny". No me pude resistir. Decidí que ese sería el recuerdo de mi visita. ¿Crees tú en los souvenirs?

Por cierto, ¿Cuándo partes? ¿Estás preparado para ser esa adolescente insegura de tu post por Johannesburgo?

Good luck!

Guybrush Threpwood dijo...

"España huele a algo especial" menudo jardín a explicar en la lengua de Shakespeare!! Pero así es como se aprende, teniendo ganas de comunicar y no repitiendo lo que canta un CD de "Unit 1. Listen and Repeat".

Menudo souvenir chaval!! Guardalo como oro en paño (¿se dice así?)Creer en los souvenirs...bueno, no cuando se convierte en un fiebre algo estupida-lease el viaje a Roma- pero si con detalles como ese que dices, yo me compraba parches con las banderas de los países a los que iba en Erasmus, de estos que llevan mil los tunos cosidos a las capas. Pero bueno tiene que nacer, tb me gusta mucho quedarme con los billetes de tren o avión y cosas así...como una etiqueta de cerveza firmada que tengo y todo por ahí. Que Grande CASH by the way.

Me piro este domingo ya tio, el dia 3. Y sí voy a ser la más insegura de las adolescentes, ya voy ensayando la cara de tipo duro, me veré Gran Torino otra vez... ;)

Hugs!

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