Día de playa, había que aprovechar. Uno de esos improvisados hoy, alternativas ejerciendo más que nunca de alternativas, despistes de citas sin recordar, llamadas perdidas vistas a destiempo, quedadas inesperadas con viejos conocidos,y otros de no tanto. Cambiante, continuo, vivo.
Al final después de una noche de intensa actividad en la que morfeo no me ha dejado de llevar y traer del mundo de los sueños haciendo el suficiente ruido como para despertarme al menos tres veces, he decidido levantarme. Que sensación de poder elegir cuando...me gusta!

Tras titubear sobre cual iba a ser mi orden de procastinación, para los de la logse "no pegar un palo al agua", sonando Jonhy Cash - I walk the line - y un zumo de piña a medio acabar me he decidido por ir a la playa, en solitario. Después de aparcar sin problema, septiembre sin madrileños, mochila al hombro me he dado un garbeo por la escuela de vela de Benicassim, buscando mi sitio, como ya es costumbre. Allí tenía que ser, quería que fuese de cara al rompeolas, única vista destacable aunque no le hiciese ni caso, y con vecinos tranquilos a poder ser. Ha facilitado las cosas que en septiembre los rayos de sol sean absorbidos principalmente por señoras mayores de bañadores estampados y sombrillas a rosca. Todo un dato.
Toalla en el sitio y a encontrar la postura para leer. Llevo conmigo estos días a un "tal" Coetzee, nada, un nobel, sudáfricano claro. La verdad es que como dicen sus críticos -en sus libros no hay ninguna salida aparente, es inquieto, laberíntico-. Me gusta. Me lleva y me trae de un rincón del veld (llanura o campo en afrikaans) a Ciudad del Cabo o de vuelta al Traansval más profundo de la mano del abandonado a su suerte o dueño de su libertad, Michael K. Un buen libro. A lo que iba, lo de la postura. Menudo circo, que si un brazo por detrás del cuello, que si un poco de lado, que si boca abajo, doblando el libro, más lejos, más cerca...al final desquiciado he decidido mandarlo a la mochila trás un cincuentena de páginas, acalorado y harto. Porque...ojo como daba el sol hoy, sin cuartel, a traición. Era cuestión de tiempo que me remojase entero en un agua revuelta llena de algas, pero eso sí, fresqueta, como bien advertian las del club del estampado.
Unos niños jugaban por allí cuando he llegado a la toalla chorreando. Solo he acertado a sonreir cuando un pobre zagal acababa de ser convertido en lobo, por lo que pasaba a ser el "pillador" de la escena. Partidas míticas con 11 años en un patio que parecia infinito de pared a pared, inexpugnable templo de buenas memorias, aun cuando lo derribaron. Se hacía la hora de comer y me disponia a partir, echando los restos de manzana al contenedor y recogiendo las chanclas, toalla al hombro desrecorria el camino hacía el coche por la orilla.
Entonces ví la solución a todo. Un chica estaba leyendo plácidamente en un banco de piedra al lado del mar, la postura perfecta! . Sin pensarlo me fuí para allá, aun sabiendo que ya era tarde y me tenía que ir pronto. Sin pensarlo. Una vez allí y acercarme al banco más cercano al mar, donde podría leer placenteramente al señor Coetzee, levanto la vista, el rompeolas. Otra sonrisa. -Vayamos hasta el final- me aseguro . Era largo, una niña jugaba con las olas mientras su abuelo le sacaba unas fotos que ya no tendrá que revelar. Las olas batian con fuerza, mientras caminaba se me aparecia este post ante mi. A un lado la calma creada por el rompeolas, al otra las bravas olas muriendo espumosas en recovecos de piedras puestas por el hombre. El gran azul de testigo y vehiculo. Llego a la punta. Me pregunto que demonios hago allí. No lo sé pero me gusta, saboreo el momento. Vuelvo a mirar de un lado para otro, calma-olas-calma-olas. La niña corre ante la amenaza eterna de las olas que sin remedio se deshacen en las barreras.
¿Cuantos rompeolas me habré puesto en esta vida?, pero aun más ¿Cuantas veces más ese impulso, casual, me ha llevado a querer descubrir que hay más allá del mismo?.
Un impulso, una intuición.
Cuando todo lo racional se queda sin respuestas, una calma...y. Y todo. Después viene todo en forma de espuma y ola que te lleva mar adentro, peligrosamente, llenándote de vida. Podría haber elegido bien el lado calmo de dentro del rompeolas (un ya lo decía mi madre...va bien aquí no? ), pero una vez más "eso" , como dijo un buen amigo, puede más. Siempre esta ahí.
Seguir creciendo. Caminar. Está vez al otro lado del rompeolas.
3 comentarios:
siento curiosidad por la postura idónea a la hora de leer un libro en la playa...
Por cierto, menudo cortarollos cuando dices, y cito textualmente: "Sin pensarlo me fui para allá" pensaba que te acercarias a la chica jajaja!
Yo tambien!! jajaj
algo esta cambiando...
No tanto, no tanto...simplemente la ví de lejos y para cuando llegué ya no estaba...tal vez la próxima vez!
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